En la pequeña cabaña de Cristóbal Yuste el ascetismo es monacal. Huele a queso y leña quemada. Junto a la chimenea de ladrillo, una pequeña cocina de gas, una fresquera, dos mesas y varias sillas completan la estancia. Fuera, en pleno Parque Natural de la Sierra de Grazalema (Cádiz), las ramas de los alcornoques y encinas arañan el tejado de chapa, mecidas por el viento de levante. El lujo se limita a la mesa: unas tajadas de queso casero y lonchas de jamón, regadas con cerveza y vino tinto. Es el descanso del almuerzo, antes de que Yuste y su mujer, Carmen, vuelvan a pastorear y ordeñar a sus ovejas. Entre tientos, el ganadero de 57 años suspira: “Soy un romántico del campo. Nos hemos quedado por lo que hacían nuestros padres. Quizás no sea tan rentable, pero me gusta cuidar mis tradiciones”. Él es uno de los ganaderos de la zona que mantiene la explotación semiextensiva de pastoreo de montaña para dos razas autóctonas únicas y en peligro de extinción: la cabra payoya y la oveja merina grazalemeña.Seguir leyendo.
Escrito por: El Pais Ciencia
Articulo Original: La supercabra nacida del laboratorio de la Sierra

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *