Año 1567. El Rey Felipe II lanza un concurso internacional para la determinación de la longitud geográfica, estableciendo un premio para quien desarrolle una forma de medir la distancia angular con el meridiano cero. Los barcos españoles llevan casi un siglo recorriendo el Atlántico entre Sevilla y Veracruz y, desde hace una década, surcan también el Pacífico entre Manila y Acapulco. Utilizan métodos rudimentarios para medir la distancia recorrida de este a oeste, lo que genera numerosos problemas y obliga, en ocasiones, a desplazarse en zigzag. El problema es antiguo y conocido: mientras que la latitud es fácil de determinar con un astrolabio mediante la posición relativa de la estrella Polar, el cálculo de la longitud se resiste. Se sabe que hay una relación directa entre la medida del tiempo y el cálculo de la longitud, pero no se cuenta todavía con relojes mecánicos precisos. El reto aumenta con los años. Felipe III sube la cuantía del premio en 1598 y otros países —Portugal, Venecia, Holanda e Inglaterra— se suman a esta carrera científica, pero el problema persiste hasta la invención del cronómetro marino en 1773.Seguir leyendo.
Escrito por: El Pais Ciencia
Articulo Original: La innovación también se compra

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