La constelación del lagarto, Lacerta, es apenas reconocible entre la brillante porción de Vía Láctea que queda tras el Cisne. Sus dispersas y débiles estrellas no muestran ninguna forma especialmente llamativa, tan sólo una vaga versión de Casiopea. No es rica en objetos conocidos de cielo profundo, aunque el aficionado a los cúmulos abiertos puede saciar su sed en esta región, y hoy veremos uno de ellos: IC 1434.
Crédito
Su descubrimiento se atribuye generalmente a Thomas Henry, en 1893, aunque hay quien apunta a Johann Elert Bode como su verdadero descubridor, en 1777. La galaxia M81, por ejemplo, también es conocida como la galaxia de Bode en honor a este astrónomo. Sin embargo, hay algunas lagunas en torno a IC 1434, siendo la principal debida a la descripción de Bode, que definió el cúmulo como un “cúmulo de estrellas”. Sí, tenía razón, pero lo cierto es que nunca podría haber resuelto sus estrellas con su telescopio habitual, sobre todo si tenemos en cuenta que las estrellas más brillantes del cúmulo alcanzan la magnitud 12. Por tanto, sólo hay dos opciones: o Bode usó un telescopio de mayor apertura que no menciona en ningún sitio u observó un cúmulo diferente (NGC 7243, más brillante, no dista mucho de IC 1434). Sin embargo, las coordenadas descritas por el astrónomo coinciden exactamente con la posición del cúmulo, por lo que el misterio permanecerá sin resolver. La distancia a IC 1434 se ha estimado entre 8.000 y 10.000 años luz, y la edad de sus estrellas parece llegar a los 800 millones de años, según un reciente estudio de 2011.
Alcanza un diámetro de 7 minutos de arco, que a la distancia referida supone unos 17 años luz, un cúmulo pequeño para su avanzada edad. Aunque la magnitud de sus estrellas más brillantes, como comentábamos con anterioridad, es de 12, su brillo conjunto alcanza la novena magnitud, haciéndolo distinguible con unos simples prismáticos bajo un cielo oscuro. Al telescopio IC 1434 es una sorpresa digna de disfrutar si estamos lo suficientemente alejados de la contaminación lumínica. Una nubecilla alargada se transforma en una horda de débiles estrellas que pueblan el centro del ocular. La mejor visión la aprecié con el ocular de 12 mm, a 125 aumentos, pudiendo contar casi un centenar de diminutas estrellas abigarradas. Se disponían longitudinalmente y se podían distinguir algunas alineaciones de estrellas más marcadas. Una neblina bañaba el fondo del cúmulo, con algunas prolongaciones que se adentraban más allá de sus bordes y que eran la manifestación de un mayor número de astros, demasiado débiles para ser distinguidos de forma individual.

Escrito por: El nido del Astronomo
Articulo Original: IC 1434, las cien estrellas del lagarto

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