Pasamos a la última entrada de esta fascinante región para ver los dos globulares más débiles de esta pequeña serie. Uno de ellos, como muestra, no pertenece a ninguno de los conocidos catálogos y no fue descubierto hasta 1981… Pero comenzaremos por NGC 6144, el más brillante de los dos y un objetivo sencillo si disponemos de un horizonte sur despejado. En la siguiente imagen podemos verlo escondido tras la nebulosidad que rodea a Antares:
Copyright: Michael Sidonio
Se encuentra a una distancia muy similar a M80, a 33.000, por lo que ambos deben ser vecinos más allá del núcleo galáctico y seguramente disfrutarán de unas vistas recíprocas envidiables… Algo más pequeño que los anteriores, su diámetro se estima en unos 70 años luz, lo cual corresponde a un tamaño aparente de 6.2 minutos de arco. Pertenece a la categoría XI de Shapley-Sawyer, lo cual es indicativo de una baja concentración, muy cercana a los globulares más dispersos, que alcanzan la extrema categoría XII. Se han descubierto en NGC 6144 algunas fuentes de rayos X, una de las cuales corresponde con seguridad a una estrella variable cataclísmica, uno más de los interesantes objetos que pueblan el bestiario galáctico. Esta variable está formada por dos estrellas muy distintas entre sí, una gigante roja y una enana blanca, ambas orbitando entre sí. La gigante roja ha superado lo que se conoce como lóbulo de Roche, la zona de atracción de la estrella, de manera que el gas que sobresale de esta región pierde la atracción gravitatoria de su estrella y es atrapado entonces por la enana blanca, De esta manera, la pequeña y masiva estrella va devorando la materia que cae en su superficie, emitiendo grandes cantidades de energía que podemos percibir desde nuestro humilde planeta como un aumento de brillo transitorio.
Visualmente debemos prepararnos para un objeto bastante más débil que los anteriores. Su magnitud 9 puede llevar a error, pues su bajo brillo superficial puede complicar ligeramente su observación. No obstante, sin la presencia de luces que inoportunen en el horizonte sur podremos verlo sin mayores problemas. Lo observé con el NextStar 102 SLT a una hora en la que el cúmulo estaba demasiado bajo en el cielo, pese a lo cual pude disfrutar de su visión: aún recuerdo la bonita estampa que conformaba junto con Antares y M4 a bajo aumento. Con el ocular de 7 mm, a 94 aumentos, era evidente incluso con visión directa, aunque al usar visión lateral su diámetro parecía mayor. No presentaba un núcleo brillante como en el caso de M80, sino que su luz se repartía homogéneamente por toda su superficie. Ninguna estrella se adivinaba en esa nubecilla redondeada y difusa, aunque sí recuerdo haberlas visto en alguna ocasión con mi Dobson de 30 cm, por lo que volveré a observarlo y a dibujarlo en los siguientes meses. No obstante, la imagen del pequeño refractor no deja de ser placentera, con las estrellas circundantes tremendamente definidas, intentando robar algo de protagonismo a ese lejano cúmulo.

Vayamos ahora con ese misterioso globular cuyo nombre pasa desapercibido y que, sin embargo, puede causar más de una sorpresa. Se trata de ESO 452-SC11, un globular que podríamos definir como “oscuro” y cuya dificultad resulta evidente por el hecho de haber sido descubierto en el año 1981. Se encuentra a unos 23000 años luz, situado a 3500 años luz sobre el disco galáctico, en una zona de transición entre el halo y el bulbo. Y aquí viene uno de los detalles importantes de este cúmulo, y es que su metalicidad, muy baja, está en consonancia con la de los globulares del halo. La metalicidad, como ya sabemos, es el contenido en elementos más pesados que el hidrógeno, helio o litio: una estrella de baja metalicidad se habría formado presumiblemente en una época más primigenia, un tiempo en el que había menos concentración de elementos pesados (que se formaron a posteriori en el núcleo de las grandes estrellas), y suelen predominar en el halo galáctico. Por tanto, el hecho de que ESO 452-SC11 tenga una baja metalicidad pero se encuentre entre el bulbo y el halo hace sospechar que se ha desplazado en los últimos miles de millones de años: bien pudiera provenir de otra galaxia que nuestra Vía Láctea devoró en su momento…
Tenía previsto observar este cúmulo cuando dispusiera de cielos extremadamente oscuros, y esa oportunidad llegó el año pasado, cuando subí a más 3000 metros de altura, muy cerca del Veleta en Sierra Nevada. El viento no acompañaba, el frío tampoco (a pesar de ser verano), pero no recuerdo haber visto un cielo tan cristalino en toda mi vida. Parecía que las estrellas estaban incrustadas en un techo oscuro y que se podrían tocar con el brazo estirado, así que cuando apunté mi Dobson de 30 cm a ESO 452-SC11 sabía que, al menos, podría distinguirlo. Sin embargo, la sorpresa llegó cuando, siguiendo un camino de estrellas desde Antares, llegué a la zona en cuestión y el cúmulo saltó a la vista con una facilidad que nunca hubiera imaginado. Aparecía como un parche nebuloso sin forma definida, con los bordes difusos pero bien apreciables con visión lateral. Entonces noté embelesado cómo algunas diminutas estrellas hacían su aparición en el halo del globular, más finas que cualquier otra estrella que hubiera contemplado alguna vez a través el telescopio. Hasta una decena de ellas pude contar sin gran esfuerzo, comprobando, una vez más, que bajo cielos oscuros podemos llevar a nuestros ojos mucho más allá de sus límites.

Escrito por: El nido del Astronomo
Articulo Original: El séquito de Antares (NGC 6144 y ESO 452-SC11)

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