Solemos presumir de que las verdades matemáticas son eternas. A diferencia de otras disciplinas, en las que las teorías consideradas correctas pueden ser refutadas a la vista de nuevos resultados, los matemáticos, cuando demostramos un teorema, sabemos que será válido para siempre. Pero en la práctica, cuando terminamos de escribir la demostración, siempre existe la duda: ¿habrá algún error en los razonamientos? Nuestro sistema de publicación y difusión de los resultados establece varios filtros que ha de pasar el texto antes de que sea considerado correcto y se incorpore a la literatura científica: repasamos el trabajo con detalle; se lo explicamos a colegas, tratando de convencerles de su validez; exponemos nuestros resultados en internet donde todos los matemáticos puedan verlos; y mandamos el artículo a una revista científica en la que el editor, antes de publicarlo, lo envía a algún experto en el área, cuya labor es comprobar que no hay errores, además de evaluar si el resultado es suficientemente interesante para su publicación. Sin embargo, aunque pueda resultar inquietante, estos procesos no son infalibles, y a veces dejan pasar resultados incorrectos.Seguir leyendo.
Escrito por: El Pais Ciencia
Articulo Original: Adiós al matemático que buscaba errores escondidos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *